lunes, 26 de septiembre de 2011

El feudalismo

 

El feudalismo es un fenómeno propio del reino franco, es decir, los territorios incluidos entre los ríos Rin y Loira. Este surge como consecuencia de la crisis vivida por la sociedad del Bajo Imperio Romano. La situación de inseguridad subsiguiente a éste condujo a los jefes germánicos a la necesidad de rodearse de fieles en quienes poder confiar para garantizar su seguridad personal y como ayuda ante posibles campañas militares. Esta estructura económica y política surgió al caer el imperio romano de servidumbre, en el cual el rey asignaba una gran extensión de tierra, llamada feudo, a un noble señor feudal. Se vio acelerado por las guerras civiles y las invasiones que experimentó durante los siglos posteriores al Imperio carolingio, y que se articula alrededor de dos elementos clave, el vasallaje y el feudo. Ante la inseguridad reinante, muchos propietarios de tierras buscaron el amparo y protección de otros señores más poderosos, a cambio de cederles su vasallaje y fidelidad o un censo o gravamen. De esa forma, la pequeña propiedad pasaba a ser de tipo feudal o censal. Para asegurarse la lealtad del vasallo, el señor le entregaba a cambio un bien de naturaleza real, el feudo; éste se materializaba en forma de tierras o derechos, pero nunca con la propiedad plena sobre el mismo.


El acuerdo entre ambos se efectuaba mediante la ceremonia del homenaje, por la cual el vasallo juraba fidelidad al señor, y éste lo acogía, ofreciéndole defensa y protección. La fidelidad estaba generalmente centrada en el campo militar, de manera que el vasallo se obligaba ante su señor a prestarle asistencia en caso de guerra, si bien el tipo de ayuda variaba mucho entre lugares o épocas. Así, podía tratarse, entre otras obligaciones, de combatir a su lado, prestarle contingentes, simples servicios de vigilancia, una contribución a las cargas financieras que suponían las campañas o incluso participar en el pago de rescate en caso de que aquél fuese capturado. En algunas zonas el vasallo debía asesorar al señor en la toma de decisiones importantes.
Con el tiempo, el título de propiedad del feudo pasó a ser hereditario, pero el homenaje debía renovarse en cada transmisión. Este hecho contribuyó a que se concentrasen o, según los casos, se fraccionasen los feudos, de manera que los vasallos principales se convertían a su vez en señores de otros vasallos de nivel inferior, quienes podían hacer lo mismo.
Todo el sistema estaba basado, como vemos, en una asistencia mutua entre señor y vasallo, la de este último de tipo militar en la mayoría de las ocasiones; esto implicaba la necesidad de recursos para sufragar los gastos que suponía el mantenimiento de un caballo, un castillo o un contingente militar.
Mientras las civilizaciones americanas se desarrollaban  independientes de otros continentes los pueblos del occidente europeo vivieron grandes transformaciones. A ese periodo de casi mil años del siglo V al XV en el cual se fue conformando un nuevo orden económico, político, social y cultural dentro de cada localidad, así como una visión del mundo y nuevas formas de relación entre los grupos sociales, se le conoce como edad media.
Tras la caída del imperio caída del imperio carolingio el feudalismo se robusteció, cientos de señores feudales gobernaban independientemente de cualquier autoridad soberana, con lo que corría el riesgo de dejar a Europa en una situación caótica propiciadas por las amenazas de invasión que ejercían los musulmanes, nómadas y magiares; siendo precisamente las relaciones feudales las que ofrecieron una cierta unidad con la que los vasallos pudieron defenderse de sus enemigos.
El feudalismo se caracterizó por la concesión de feudos (casi siempre en forma de tierras y trabajos a cambio de una prestación política y militar, que era un contrato sellado por un juramento de homenaje y fidelidad.
Tanto el señor como el vasallo eran libres.
El feudalismo unía la presentación política y militar a la posesión de tierras con el propósito de preservar a la Europa medieval de su desintegración e innumerables señoríos independientes tras el hundimiento del imperio carolingio.
Fue hacia el año 100 cuando el termino feudo comenzó a emplearse y a partir de ese momento, se aceptó de forma unánime que las tierras entregadas al vasallo fueron hereditarias, con tal de que el heredero fuera grato al señor y pagara un impuesto de herencia llamado “socorro”.
El vasallo no solo presentaba juramento de fidelidad a su señor, sino también un juramento especial de homenaje al señor feudal, el cual a su vez lo investía con un feudo.
Otro aspecto del feudalismo fue la creciente influencia de la iglesia, ya que dentro de una sociedad en la que la religión cristiana se había convertido en el principal cremento de unión entre los reinos de la Europa occidental.
El feudalismo asumía casi toda la tierra que pertenecía al príncipe soberano que la recibía de dios.
El príncipe cedía los feudos a sus barones, los cuales le rendían obligado juramento de homenaje, fidelidad por el que prestaban su ayuda política y militar.
Los nobles podían ceder parte de sus feudos a caballeros que le rindieran a su vez homenaje y fidelidad y les sirvieran de acuerdo a la extensión de las tierras.
 El feudalismo tenía costumbres de ayuda y protección y se convirtió en lo más codicioso de Europa.

La aplicación generalizada del contrato feudal origina una estructura feudal jerarquizada con el rey a la cabeza (aunque a veces compartía esta posición con el papa), le seguían los grandes vasallos (nobles: duques, marqueses, condes, eclesiásticos: obispos, abades) dueños de los feudos más grandes. A continuación los vasallos que poseían los feudos más pequeños (barones, vizcondes, etc.) y después los caballeros cuya posesión era un caballo y servían militarmente a un señor a cambio de tierras o dinero. Por último los campesinos, que no eran propiedad del señor feudal, pero tampoco eran hombres libres si no siervos que tenían la obligación de entregar parte de su trabajo agrícola y de realizar otras labores a voluntad de los señores.
Durante la edad media, la iglesia católica ejerció sobre los pobladores su poder económico y moral. Pero además poseedora de dos valiosos tesoros: la escritura y la lectura lo cual la convertía en la gran depositaria del conocimiento y de las técnicas de la cultura medieval, de tal manera que si alguien quería tener acceso a ella era necesario pertenecer al clero.

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